La Santa Misa, Paso a Paso.

April 16th, 2010 | Buenaventura Yupanqui

ANTÍFONA DE ENTRADA

DE PIE

Recibimos al sacerdote de pie, que se acerca al altar y lo besa. En el ara o altar hay reliquias de santos y representa el lugar donde se hacían los sacrificios. En el Antiguo Testamento se sacrificaban animales, pero desde la venida de Cristo, en el Nuevo Testamento, son incruentos. Si no se hubiera entonado canto alguno, se recita la antífona de entrada.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan.

- Amén.

El Señor esté con ustedes.

O bien:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

- Y con tu espíritu.

Si se está en Tiempo Pascual sería:

El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.

- Y con tu espíritu.

El sacerdote lee la ‘Antífona de entrada’ de ese día.

ACTO PENITENCIAL

El sacerdote invita a los fieles al arrepentimiento:

Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Tras un breve silencio, todos reconocen sus pecados con la oración:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Llevando la mano al pecho, dice y rezan todos:

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.

El sacerdote concluye con la absolución:

Dios todopoderos tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

- Amén.

KYRIE

Siguen las invocaciones de desagravio que rezan alternadamente el sacerdote y los fieles:

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

Cristo ten piedad.

- Cristo ten piedad.

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

 

O bien:

Tú que has enviado a sanar los corazones afligidos: Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo ten piedad.

- Cristo ten piedad.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

GLORIA

Si es festivo, acto seguido todos rezan El Gloria:

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACIÓN COLECTA

Concluido el himno, el sacerdote dice:

Oremos.

Entonces, recita la ‘Oración Colecta’ designada para el día, y al final el pueblo aclama:

- Amén.

Liturgia de la Palabra

PRIMERA LECTURA

SENTADOS

Los domingos se toma del Antiguo Testamento, excepto en el Tiempo Pascual, en que se toma de los Hechos de los Apóstoles. Si es costumbre, puede leer alguno de los asistentes. Al terminar:

Palabra de Dios.

- Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

También puede leer el Salmo que corresponda a ese día alguno de los asistentes. Hay una parte denominada Salmo Responsorial que el pueblo repite intercaladamente. Si es costumbre, los Salmos serán cantados.

SEGUNDA LECTURA

Sólo se hace una segunda lectura los domingos y las solemnidades. Al final, el que ha leído dice:

Palabra de Dios.

- Te alabamos, Señor.

Seguidamente se canta o recita el Aleluya designado para ese día.

EVANGELIO

DE PIE

El sacerdote, inclinado ante el altar, dice en voz baja:

Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que anuncie dignamente tu Evangelio.

Después, en voz alta dice al pueblo:

El Señor esté con vosotros.

El pueblo responde:

- Y con tu espíritu.

Después, en voz alta dice al pueblo:

Lectura del Santo Evangelio según San (nombre del evangelio)

El pueblo responde:

- Gloria a Ti, Señor.

Una vez leído el Evangelio, el sacerdote dice:

Palabra del Señor.

El pueblo responde:

- Gloria a Ti, Señor Jesús.

El sacerdote besa el libro, diciendo en voz baja:

Que las palabras del Evangelio borren nuestros pecados.

 

 

HOMILÍA

SENTADOS

En este momento el sacerdote hablará sobre las cuestiones de doctrina que considere de interés. Debe decirse todos los domingos y fiestas de precepto. Al terminar es oportuno guardar un breve espacio de tiempo en silencio.

 

PROFESIÓN DE FE

DE PIE

Si es festivo, todos rezarán el Credo, en una de las dos formas: Símbolo niceo-constantinopolitano

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,

Se inclina levemente la cabeza en señal de respeto.

y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

Se finaliza la inclinación de la cabeza.

y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

 

O en algunas Iglesias se reza este otro credo llamado Símbolo de los apóstoles

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

Se inclina levemente la cabeza en señal de respeto.

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen,

Se finaliza la inclinación de la cabeza.

padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitón de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

 

 

 

Peticiones:

A continuación, se hace la ‘Oración de los fieles’ o preces, que son unas plegarias que el sacerdote o algún asistente va leyendo y el pueblo responde:

- Te rogamos, óyenos. (u otra respuesta que la iglesia elija)

Liturgia Eucarística

El sacerdote presenta a Dios los dones del pan y del vino que, por la Consagración, se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Esta parte se conoce como el ‘Ofertorio’.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS

SENTADOS

Al ofrecer el pan, el sacerdote dice:

Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida.

Si el sacerdote lo ha dicho en voz alta, el pueblo aclamará:

- Bendito seas, por siempre, Señor.

El diácono o el sacerdote dice en voz baja mientras pone vino y un poco de agua en el cáliz:

El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana.

Al ofrecer el vino, el sacerdote dice:

Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros bebida de salvación.

Si el sacerdote lo ha dicho en voz alta, el pueblo aclamará:

- Bendito seas, por siempre, Señor.

El sacerdote, inclinado, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Mientras el sacerdote se lava las manos, dice en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

El celebrante se va al centro del altar y, de cara al pueblo, dice:

Oren, hermanos, para que este sacrificio mío y suyo, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo responde:

- El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

DE PIE

El sacerdote lee la ‘Oración sobre las ofrendas’ prevista para ese día.

 

PLEGARIA EUCARÍSTICA

El Señor esté con vosotros.

- Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

- Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

- Es justo y necesario.

El sacerdote lee el Prefacio correspondiente a ese día, a cuyo término todos dicen:

- Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

A continuación, según la Plegaria eucarística que se siga, el sacerdote irá diciendo las oraciones previas a la Consagración.

 

CONSAGRACIÓN

DE RODILLAS

El sacerdote, con claridad, pronuncia las palabras del Señor para consagrar el pan:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Igualmente, consagra el vino con las palabras:

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HACAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Jesucristo Sacerdote, sirviéndose de las palabras de la Consagración pronunciadas por el sacerdote, convierte el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre. A continuación muestra al pueblo la Hostia consagrada y el Cáliz, y lo adora con un signo de reverencia. El celebrante dice:

Éste es el sacramento de nuestra fe.

- Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!.

O tambien el sacerdote puede decir:

 

Éste es el Misterio de la fe)

   

 

- Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

 

Continúan las oraciones propias de cada plegaria eucarística. Al finalizar esta parte, el sacerdote toma la patena, con la Hostia consagrada, y el cáliz consagrado y, sosteniéndolos elevados, dice:

 

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

- Amén.

Rito de la communion

Una vez que el sacerdote ha dejado el cáliz y la patena, dice:

Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:   O bien:

Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

 

- Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

El pueblo concluye la oración aclamando:

- Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

El sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: ‘La paz os dejo, mi paz os doy’, no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

- Amén.

 

El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

El pueblo responde:

- Y con tu espítiru.

Luego, si se estima oportuno, el diácono o el sacerdote añaden:

Dense fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.

El sacerdote deja caer en el cáliz una parte del pan consagrado, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta o se recita:

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

El sacerdote reza en secreto la oración para la comunión:

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

O bien:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre, cooperando el Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo, líbrame, por la recepción de tu Cuerpo y de tu Sangre, de todas mis culpas y de todo mal. Concédeme cumplir siempre tus mandamientos y jamás permita que me separe de ti.

 

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo eleva y lo muestra al pueblo, diciendo:

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

- Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

El sacerdote, después de comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, lee la ‘Antífona de Comunión’ que corresponde a ese día. Seguidamente, se acerca a los que quieren comulgar y mostrándoles el pan consagrado, dice a cada uno de ellos:

 

El Cuerpo de Cristo.

El que va a comulgar responde:

- Amén.

Después, con el pueblo sentado o de rodillas, tiene lugar la purificación, que es cuando se limpian la patena y el cáliz. El sacerdore dice en secreto:

Haz, Señor, que recibamos con un corazón limpio el alimento que acabamos de tomar, y que el don que nos haces en esta vida nos aproveche para la eterna.

Acto seguido, el sacerdote puede ir a la sede, o lugar destinado para sentarse. Si se estima oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.

De pie en la sede o en el altar, el sacerdote dice:

Oremos.

 

DE PIE

Todos oran en silencio durante unos momentos. Luego el sacerdote dice la ‘Oración para después de la comunión’ de ese día. El pueblo aclama:

- Amén.

Rito de conclusion

Llegados a este momento, pueden hacerse, si es necesario y con brevedad, los anuncios o advertencias al pueblo. Luego tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:

El Señor esté con ustedes.

El pueblo responde:

- Y con tu espíritu.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espítiru Santo,   y descienda sobre ustedes.

El pueblo responde:

- Amén.

Luego el diácono, o el mismo sacerdote, con las manos juntas, despide al pueblo, diciendo:

Poden ir en paz.

El pueblo responde:

- Demos gracias a Dios.

El sacerdote besa con veneración el altar, como al comienzo y, una vez realizada la debida reverencia con los demás ministros que han intervenido en la celebración, se retira a la sacristía.La Santa Misa ya ha terminado, los fieles pueden salir del templo si lo desean o seguir en lo que se denomina la ‘Acción de Gracias’, en la que cada uno, en oración íntima con el Señor, se dirige a Él con confianza, cariño y delicadeza por haberlo recibido en la comunión.

 

February 1st, 2010 | Buenaventura Yupanqui

DOMINGO 7 FEBRERO DEL 2010

V DOMINGO ORDINARIO

 

I  LECTURA: ISAIAS 6,1-2.3-8

II LECTURA: 1 CORINTIOS 15,1-11

 

            EVANGELIO ; LUCAS 5,1-11

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 14 DE FEBRERO DEL 2010

VI DOMINGO ORDINARIO

 

I           LECTURA; JEREMIAS 17,5-8

II         LECTURA: 1 CORINTIOS 15,12.16-20

 

            EVANGELIO: LUCAS 6,17.20-26

 

 

 

 

 

 

MIERCOLES 17 DE FEBRERO DEL 2010

MIERCOLES DE CENIZA

 

I           LECTURA; JOEL 2,12-18

II         LECTURA: 2 CORINTIOS 5,20–6,2

 

            EVANGELIO: MATEO 6,1-6.16-18

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 21 FEBRERO DEL 2010

I DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA: DEUTERONOMIO 26,4-10

II         LECTURA: ROMANOS 10,8-13

 

            EVANGELIO: LUCAS 4,1-13

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 28 DE FEBRERO DEL 2010

II DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA: GENESIS 15,5-12.17-18

II         LECTURA: FILIPENSES 3,17 –4,1

 

            EVANGELIO: LUCAS 9,28-36

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2010

III DOMINGO DE CUARESAMA

 

I          LECTURA: EXODO 3,1-8.13-15

II         LECTURA: CORINTIOS 10,1-6.10-12

 

           EVANGELIO: LUCAS 13,1-9

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2010

III DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA: EXODO 3,1-8.13-15

II         LECTURA: 1 CORINTIOS 10,1-6.10-12

 

            EVANGELIO; LUCAS 13,1-9

 

 

 

 

 

DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2010

III DOMINGO DE CUARESMA DEL 2010

 

I           LECTURA: EXODO 17,3-7

II         LECTURA:ROMANOS 5,1-2.5-8

 

            EVANGELIO: JUAN 4,5-42

 

 

 

 

DOMINGO 14 DE MARZO DEL 2010

IV DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA:JOSUE 5,9.10-12

II         LECTURA:2 CORINTIOS 5,17-21

 

            EVANGELIO; LUCAS 15,1-3.11-32

 

 

 

 

 

  

DOMINGO 14 MARZO DEL 2010

IV DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA: 1 SAMUEL 16,1.6-7.10-13

II          LECTURA: EFESIOS 5,8-14

 

            EVANGELIO: JUAN 9,1-41

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 21 DE MARZO DEL 2010

V DOMINGO DE CUARESMA

I           LECTURA: ISAIAS 43,16-21

II         LECTURA: FILIPENSES 3,7-14

 

            EVANGELIO: JUAN 8,1-11

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 21 DE MARZO DEL 2010

V DOMINGO DE CUARESMA

 

I           LECTURA: EZEQUIEL 37,12-14

II         LECTURA: 8,8-11

 

            EVANGELIO: JUAN 11,1-45

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO 28 DE MARZO DEL 2010

DOMINGO DE RAMOS EL LA PASION DEL SENOR

 

         LECTURA: ISAIAS 50,4-7

II         LECTURA: FILIPENSES 2,6-11

           EVANGELIO: LUCAS 22,14-23,56

 

 

 

 

 

 

 

CALENDARIO LITURGICO

November 30th, 2009 | Buenaventura Yupanqui

ADVIENTO

 

29 de Noviembre

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMERA LECTURA ;            Jeremias  33:14-16

SEGUNDA LECTURA:                         1 Tesalonisenses 3:12-4:2

EVANGELIO:                                     Lucas 21,5-11:

Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”.

Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes  como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.  Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

 

DOMINGO 6 DE DICIEMBRE

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMERA LECTURA:  BARUC 5,1-9

SEGUNDA LECTURA: FILIPENSES 1,4-6.8-11

EVANGELIO:  3,1-6

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

Una voz grita en el desierto:

Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.

Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas.

Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos.

Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.

 

13 DE DICIEMBRE DEL 2009

III  DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMERA LECTURA:  SOFONIAS 3,14-18

SEGUNDA LECTURA:  FILIPENSES 4,4-7

EVANGELIO:   LUCAS 3,10-18

La gente le preguntaba: “¿Qué debemos hacer entonces?”. Él les respondía: “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto”. Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?”. Él les respondió: “No exijan más de lo estipulado”. A su vez, unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?”. Juan les respondió: “No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo”.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible”. Y por medio de muchas otras exhortaciones anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

 

20 DE DICIEMBRE DEL 2009

IV DOMINGO DE ADVIENTO

PRIMERA LECTURA:     MIQUEAS 5,1-4

SEGUNDA LECTURA:    HEBREOS 10,5-10

EVANGELIO:   LUCAS 1,39-45

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.

 

 

27 DE DICIEMBRE DEL 2009

SAGRADA FAMILIA

PRIMERA LECTURA: ECLESIASTICO 3,3-7.14-17

SEGUNDA LECTURA:  COLOSENSES 3,12-21

EVANGELIO:  LUCAS 2,41-52

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús les respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?”. Ellos no entendieron lo que les decía.

Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

 

LA REVELACIÓN

November 9th, 2009 | Buenaventura Yupanqui

 

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DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina (cf. Cc. Vaticano I: DS 3015). Por una decisión enteramente libre, Dios se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y al Espíritu Santo.

 

I DIOS REVELA SU DESIGNIO AMOROSO

51 “Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina” (DV 2).

52 Dios, que “habita una luz inaccesible” (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

53 El designio divino de la revelación se realiza a la vez “mediante acciones y palabras”, íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una “pedagogía divina” particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo.

S. Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo acostumbrarse entre Dios y el hombre: “El Verbo de Dios ha habitado en el hombre y se ha hecho Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar en el hombre, según la voluntad del Padre” (haer. 3,20,2; cf. por ejemplo 17,1; 4,12,4; 21,3).

 

II LAS ETAPAS DE LA REVELACION

Desde el origen, Dios se da a conocer

54 “Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio” (DV 3). Los invitó a una comunión íntima con él revistiéndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes.

55 Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, “después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras” (DV 3).

Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte…Reiteraste, además, tu alianza a los hombres (MR, Plegaria eucarística IV,118).

La alianza con Noé

56 Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar a la humanidad a través de una serie de etapas. La Alianza con Noé después del diluvio (cf. Gn 9,9) expresa el principio de la Economía divina con las “naciones”, es decir con los hombres agrupados “según sus países, cada uno según su lengua, y según sus clanes” (Gn 10,5; cf. 10,20-31).

57 Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cf. Hch 17,26-27), está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb 10,5), quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn 11,4-6). Pero, a causa del pecado (cf. Rom 1,18-25), el politeísmo así como la idolatría de la nación y de su jefe son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva.

58 La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones (cf. Lc 21,24), hasta la proclamación universal del evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las “naciones”, como “Abel el justo”, el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura de Cristo (cf. Hb 7,3), o los justos “Noé, Daniel y Job” (Ez 14,14). De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo “reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos” (Jn 11,52).

Dios elige a Abraham

59 Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abraham llamándolo “fuera de su tierra, de su patria y de su casa” (Gn 12,1), para hacer de él “Abraham”, es decir, “el padre de una multitud de naciones” (Gn 17,5): “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gn 12,3 LXX; cf. Ga 3,8).

60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección (cf. Rom 11,28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de loa Iglesia (cf. Jn 11,52; 10,16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes (cf. Rom 11,17-18.24).

61 Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.

Dios forma a su pueblo Israel

62 Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).

63 Israel es el pueblo sacerdotal de Dios (cf. Ex 19,6), el que “lleva el Nombre del Señor” (Dt 28,10). Es el pueblo de aquellos “a quienes Dios habló primero” (MR, Viernes Santo 13: oración universal VI), el pueblo de los “hermanos mayores” en la fe de Abraham.

64 Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31,31-34; Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf. Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María (cf. Lc 1,38).

 

III CRISTO JESUS-”MEDIADOR Y PLENITUD DE TODA LA REVELACION” (DV 2)

Dios ha dicho todo en su Verbo

65 “De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo” (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta. S. Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1,1-2:

Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p. 184.).

No habrá otra revelación

66 “La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.

67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes “revelaciones”.

 

RESUMEN

68 Por amor, Dios se ha revelado y se ha entregado al hombre. De este modo da una respuesta definitiva y sobreabundante a las cuestiones que el hombre se plantea sobre el sentido y la finalidad de su vida.

69 Dios se ha revelado al hombre comunicándole gradualmente su propio Misterio mediante obras y palabras.

70 Más allá del testimonio que Dios da de sí mismo en las cosas creadas, se manifestó a nuestros primeros padres. Les habló y, después de la caída, les prometió la salvación (cf. Gn 3,15), y les ofreció su alianza.

71 Dios selló con Noé una alianza eterna entre Él y todos los seres vivientes (cf. Gn 9,16). Esta alianza durará tanto como dure el mundo.

72 Dios eligió a Abraham y selló una alianza con él y su descendencia. De él formó a su pueblo, al que reveló su ley por medio de Moisés. Lo preparó por los profetas para acoger la salvación destinada a toda la humanidad.

73 Dios se ha revelado plenamente enviando a su propio Hijo, en quien ha establecido su alianza para siempre. El Hijo es la Palabra definitiva del Padre, de manera que no habrá ya otra Revelación después de Él.